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talento actitud

El talento sin actitud es nada

Si preguntásemos a cualquier seleccionador qué es lo que busca en la persona que quiere incorporar a una determinada empresa u organización, probablemente su contestación se centrase en aspectos como la formación, la experiencia o el compromiso. Sin embargo, lo que suele marcar la diferencia es la actitud. No solo a la hora de ser elegido en un proceso de selección sino para conseguir desarrollar una carrera profesional exitosa. Las empresas no buscan gente con talento, buscan gente con actitud.

Eso es lo que defiende Seth Godin uno de los más reputados teóricos del marketing en la actualidad. Según él, lo que separa a los ganadores de los perdedores no es su talento, es su actitud.

Actitud chavales, actitud. Gritaba con vehemencia un entrenador de fútbol base en un partido que pude ver recientemente. Desconozco si había leído a Godin, pero parecía uno de sus más entusiastas seguidores. Y es que en cualquier ámbito es una cualidad fundamental que marca la diferencia y permite desarrollar el talento que uno puede atesorar. Nada es tan corriente como los talentosos frustrados, a los que le ha faltado la constancia y la decisión adecuadas para crecer.

Qué entendemos por actitud

De todas formas, me hubiese gustado preguntarle al entrenador que gritaba tanto desde su banquillo qué es lo que entiende él por actitud. Puede parecer obvio, pero tal vez nos llevásemos alguna sorpresa. Y también preguntaría si los chavales tienen claro a lo que se refiere cuando lo escuchan a voz en grito con la cara medio desencajada. ¿Cuánto de vacío hay a veces en esas palabras? Habría que pasar la prueba del no te fijes en lo que digo sino en lo que hago para saber si su estilo de liderazgo es el de practicar con el ejemplo. No por gritar más se tiene mayor actitud.

Recuerdo hace ya unos cuantos años, en una de esas maratonianas reuniones de finales de año en la que se ponen en común los objetivos y las estrategias para el siguiente ejercicio, cómo al llegar a la sala del hotel en la que ya estábamos reunidos los miembros del equipo, el Director General se acercó lentamente a una pizarra y escribió:

Actitud + Talento + Circunstancias = Resultado

A continuación, se giró hacia nosotros, nos miró fijamente durante unos segundos sin decir nada, esperando que interiorizásemos la fórmula. Al cabo de un rato nos dijo: queremos alcanzar los objetivos del próximo año, estamos de acuerdo en que son ambiciosos pero realistas, al menos eso me habéis confirmado todos. Pero para ello tenemos que seguir mejorando. Que cada uno de vosotros identifique uno de los aspectos en los que quiera progresar. Vamos a formar tres filas. La de la actitud, la del talento y la de las circunstancias. Que cada uno se posicione donde considere.

La sala se llenó de incertidumbre, desconcierto y dudas. Había mucho silencio durante los primeros segundos, que parecieron minutos. Poco a poco, murmullos, miradas que parecían decir tú primero que a mí me da la risa, tensión ante una situación inesperada. Las damas primero, dijo el habitual graciosillo que hay en todos los grupos. Pero lo hizo sobre todo para liberar un poco el nudo que le aprisionaba la garganta y apenas le dejaba respirar. Pero vamos a ver, dijo el Director General, me queréis decir que nadie considera que debe mejorar algo. Tengo un equipo tan fantástico que ya lo tiene todo. Si queréis os coloco yo. Podría hacerlo. Y era cierto, conocía bien a su equipo. Era una de sus mayores virtudes.

Para conseguir alcanzar los resultados deseados se necesita trabajar en diferentes aspectos. Por supuesto que se puede entrenar para que el talento aflore y aparezca con más frecuencia, pero la actitud es un elemento multiplicador que consigue mejorar el impacto de todos los demás. Sin embargo las circunstancias no dependen solo de nosotros, se escapan a nuestra zona de control. En unas ocasiones juegan a nuestro favor y en otras en contra. En la fórmula anterior pueden tener signo positivo o negativo. Algunos se colocaron en la fila de las circunstancias. Al jefe no le causaron sorpresa.

Progresar, desarrollar, crecer o mejorar son palabras que suenan bien. A veces las repetimos demasiado, como intentando convencernos a nosotros mismos de nuestras buenas intenciones, de que estamos trabajando en ello. Pero tener buenos propósitos no implica cambiar. La fuerza para que los propósitos se conviertan en realidad es la actitud. Y siempre la acompañan la perseverancia y la pasión.

 

Crédito de la foto: Geralt / Pixabay

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Alberto Chouza

Gestión y captación del talento, desarrollo profesional, marca personal, inteligencia emocional, coaching, responsabilidad social corporativa o deporte son algunos de los ámbitos en los que me he ido especializando. Pero no, no soy un experto. Soy un aprendiz que se hace preguntas en un entorno que cambia muy rápido.

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